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lunes, 6 de agosto de 2018

Las sombras solo brillan


Si os preguntaran por vuestro lugar romántico por excelencia lo más seguro es que no coincidiríais con los escritores del Romanticismo. Tal vez firmaríais por una puesta de sol o una playa amaneciendo. Ellos; Víctor Hugo, Lord Byron, Mary Shelley o hasta nuestro Bécquer, confluían en situarlo, ni más ni menos, que en un cementerio. Era allí donde los románticos identificaban la cima de sus sentimientos. Su predilección por la noche, la fantasía, los muertos, los seres imaginarios, la niebla y las tinieblas… Monstruos como muestra de su héroe romántico, el antihéroe. Porque debían ser sinceros consigo mismos y reconocer que eran reales, que convivían con ellos, y se exigían exagerarlos para transformarlos así en personajes de sus relatos.

Mary Shelley creció rodeada de esa oscuridad y de historias tenebrosas. La muerte se hizo costumbre en sus días y la escritura le dio la paz que necesitaba para expulsar todos los fantasmas. Puede que fueran las pérdidas sufridas las que encendieron en ella la llama de la ciencia, pero lo cierto es que se interesó muy pronto por la galvanización, el renacer, el revivir.  Galvanizar, no hablando de metales, sino de provocar el movimiento en los yacentes.

Mary Shelley de Haifaa Al-Mansour.

Fue Lord Byron, el excéntrico poeta inglés, quien en un retiro en su mansión y tras largas semanas lluviosas, propuso a los asistentes que escribieran un cuento de terror. Shelley unió su pasión científica, su vida real y los monstruos que en ella habitaban para crear a Frankenstein. Ese ser que todos conocemos, era el reflejo de la soledad, del miedo, del apedazar la vida poco a poco, de la necesidad de cariño. Así surgió, de la urgencia por explicar al mundo cómo es posible sentirse solo estando rodeado de gente.

Una vez más, Shelley fue una mujer que debió defender su obra. En la primera publicación no constaba su nombre y no fue fácil, para una escritora en esa época, llegar a reconocer que una historia como aquella había resultado de una pluma que no correspondiera a un lord. Fue una revolucionaria en sus ideas, adentrándose en un mundo de fantasía totalmente inaccesible para una joven del siglo XIX.  Todo un ejemplo a seguir por su lucha ante las sombras, por su enfrentarse a las pérdidas, por no recurrir al eufemismo para hablar de la realidad, por luchar y hacerse camino en un mundo de hombres.

Haifaa Al-Mansour nos acerca con su película el escenario puro del Romanticismo, la poesía inglesa, la intensidad, la luz de lo misterioso, la pasión con que enfrentaban el día a día y una Shelley que hizo de la escritura su salvavidas. Una Shelley que gritó entre trajes, chisteras y reuniones sin perfume de mujer.

El tema no es nuevo, lo llevamos como herencia de género. Pero también arrastramos con nosotras la fuerza de mujeres como Mary, quien siempre defendió que lo importante no era tener más poder que los hombres, sino más poder sobre nosotras mismas. Creámoslo, luchemos como ella y hagamos reales nuestros monstruos, seamos conscientes y adueñémonos del moderno Prometeo, solo así tendremos el poder.

* título del post: verso del poema “Sol del que triste vela” de Lord Byron.

3 comentarios:

  1. Quina vida més fascinant i dura a la vegada!

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    1. Tota la raó... tot i que totes ens hauríem de posar a escriure les nostres vides... totes!

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  2. Mare meva crec que tindria molta feina!

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