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lunes, 27 de diciembre de 2021

En busca del conejo

Nunca te fíes del artista. Fíate de la narración. La auténtica función del crítico es salvar la narración del artista que la creó.” D.H.Lawrence.

La mecenas Mabel Dogde Luhan y su pareja, Elsie Clews Parsons, acogieron largas temporadas a artistas diversos en la segunda casa de su propiedad en Laos. Entre ellos estuvo el escritor D.H. Lawrence. La relación que mantuvieron fue tan increíblemente incómoda e inesperada que Dogde la dejó plasmada en su obra Lorenzo en Taos.

Rachel Cusk conocía la historia y el libro y quiso rendir homenaje al espíritu de esta mujer en su Segunda casa. Dodge, mujer libre, revolucionaria, inquieta; hubiera leído el libro de pie de pura emoción. Esta publicación de Libros del Asteroide te deja asombrada, despellejada, atónita ante su inteligencia. Eso, sí.

Despellejada como los conejos. Desplumada como los pollos de L. Recuerdo de niña la de veces que había cruzado el rellano porque nuestra vecina, Araceli, nos tenía listo el conejo de la semana. No logro hacer memoria de si le llegaba vivo o no a su casa. Solo sé que me enviaban a mí a recoger una bolsa de plástico transparente con un conejito envuelto en sangre dentro. Lo aceptaba a modo de regalo y lo llevaba a nuestra cocina. Lo comeríamos en breve. Fue ahí, creo, donde la muerte empezó a manifestarse con su normalidad, con su agradecimiento, con su salvaje acompañamiento y gratitud entre vecinos.

Sitges, octubre 2021.

Leer a Cusk me ha devuelto ese instante. Sin olvidar que “llega un momento en la vida en que comprendes que ya no es interesante que el tiempo avance hacia delante; mejor dicho, que su manera de avanzar hacia delante ha sido el pilar central de la ilusión de la vida, y que mientras esperabas a ver qué pasaba a continuación te iba robando poco a poco todo lo que tenías.” Porque vamos constantemente adelante y atrás, reviviendo y esperando lo que vendrá. Recordamos y proyectamos sin cesar. Y como a L, como a todos, nos condicionan los momentos vividos en el pasado. Nos hacen ser quienes somos. Sea por los pollos o por los conejos.

Preguntas y más preguntas a las que sus respuestas nos dejan heladas y acurrucadas. La relación de pareja, la necesidad de esa “segunda casa” para tener una conciencia propia y un divertimento de propiedad no compartida. El duelo que genera el cambio de conexión entre madres e hijas, padres e hijas, amigas, amantes, artistas. La mutación en la manera de tratarse también genera un proceso de dolor, hay que aprender a vivir con “los nuevos”. La feminidad, la aceptación, el mirarse al espejo y desearse una misma porque no hay nadie mejor. La invención de la necesidad. La creación de los mundos paralelos útiles y extraños a la par que vitales para mantener la cordura. ¿Somos libres para todo eso? ¿Decidimos verdaderamente? “¿Por qué vivimos tan dolorosamente en nuestras ficciones? ¿Por qué sufrimos tanto por cosas que nosotros mismos nos hemos inventado? […] He querido ser libre toda mi vida y no he sido capaz de liberar ni el dedo meñique del pie.” Ni el dedo meñique del pie.

Cusk nos cuenta cómo el arte puede ser decisivo en un momento clave. Cómo puede abrir las heridas, dejarnos a la intemperie, desnudarnos ante el resto. Convertirse en el clic que nos hace falta para seguir en busca del pilar central de la ilusión de la vida. Por eso la protagonista invita a L a la segunda casa en la marisma, para que el arte ayude a desmontarlo todo. Aunque asuste. Y es que "a veces hay que asustarse para no verse arrastrado a la entropía." Asustarse para ordenarlo todo, igual que cruzábamos el rellano en busca del conejo.

Sitges, octubre 2021.



lunes, 13 de diciembre de 2021

Palabras encadenadas

Jugábamos a las palabras encadenadas en clase. Tocaba la N. Elegí: numismática. El profesor me dijo que eso era un invento mío. Me eliminó del juego. Rechisté, pero la ronda continuó. Yo sabía que no mentía. Lo sabía puesto que, de camino al mayor supermercado de la ciudad, cuando paseábamos con mi madre, siempre me fijaba en un balcón con ese título. Allí había un centro de ávidos numismáticos. ¡Claro que existían! Supe ahí que me costaría constantemente defender mi voz ante el que cree que lo sabe todo, que debería imponerme todo el tiempo con la máxima luz posible. Ya lo escribió Annie Ernaux en Perderse, “la pasión colma la existencia, a punto de explotar”. Todo exigiría la explosión. Sin pasión no conseguiría nunca nada.

La importancia de la palabra. Las sílabas concretas que el receptor capturará para no olvidar. Aquellas consonantes que sonarán en nuestra cabeza con el tiempo, que nos traerán de nuevo a las personas, los sentimientos, las angustias. Tan solo un vocablo será capaz de activar nuestra memoria. Lola Mascarell, en Nosotras ya no estaremos, dice que “escribir es una forma de conjurar los miedos. […] que es en la fertilidad del tiempo vacío donde surgen las grandes ideas.” Cuando creemos que no puede pasar nada, cuando pensamos que corre la normalidad, cuando no imaginamos que aquello sea tan estremecedor en un futuro. Es entonces cuando podemos, y debemos, escribir para conjurar ese miedo. Escribir para confabularnos con el remedio.

Andorra, octubre 2021.

Todo esto viene por Luis. Viene por Luis, por Almudena. Porque, aunque a veces parezca que no se tiene qué decir, surge. Porque la enfermedad avisa, sí, pero duele inmensamente igual que la sorpresa. Porque nunca se está preparada para la muerte. Escribí a Luis porque el duelo de verdad era el suyo. Y la amistad es dejar a un lado la cobardía y sacar del cajón el abrigo, el amparo, el abrazo más ancho que una tiene. Almudena ya no está, no estará más y entre todas las palabras de la respuesta de Luis anoté “abismo”. Entre todas ellas, bonitas y cariñosas, anoté “abismo”. Cada expresión tiene su momento. Él lo sabe mejor que nadie.

… cuando la piel se apague, / cuando el amor se abrace con la muerte / y se pongan más serias nuestras fotografías, / sobre el acantilado del recuerdo, / después que mi memoria se convierta en arena, / por detrás de la última mentira, / yo seguiré esperando.

Ante el abismo recuperé su espera, el acantilado del recuerdo. Aquellos días en los que solo pensaba en cuándo llegaría la muerte. Solo era un pensamiento. Y me reafirmaba en los versos de María Sotomayor en Fiera, “Debe ser que al final / todas la palabras significan lo que una quiera vivirlas.” El abismo será solo una palabra y se llenará, Luis.

lunes, 20 de septiembre de 2021

La circularidad del mundo

Verónica Gerber Bicecci escribe que el amor siempre nos demuestra la circularidad del mundo. Pienso que el dolor también. Las relaciones con los demás por supuesto. Las últimas semanas tres series y un libro me han llevado al mismo pensamiento, una tras otra. A cómo por más idílico que sea el momento, o la conexión, todo puede desmoronarse por dentro.

The White Lotus, Cruel Summer o Nine perfect strangers son series sobre las relaciones humanas. Personas a las que aparentemente nada les falta y sufren y sufren y no dejan de sufrir. Porque aparentamos y lucimos la sonrisa. Porque nos dejamos llevar por la inercia de lo que se espera de nosotras. Porque somos cobardes y respondemos a las voces que nos exigen. Como si mirar atrás, o alrededor, para darnos cuenta de que la sonrisa es falsa y la apariencia también, fuera pecado.

Por eso aunque estemos en hoteles de lujo, en casas recién estrenadas, en puestos de trabajo envidiables, podemos rompernos por dentro. Estar hechas añicos no es incompatible con triunfar o avanzar, pues dejamos ir al zombi que vive con nosotras y a ese no hay nada que le tape los ojos. ¿Será que en realidad la gente se relaciona con ese doble nuestro? ¿Nadie se da cuenta?

En Dónde estás, mundo bello, Sally Rooney nos plantea esos círculos salvajemente. Y así es como una va dando vueltas al círculo de Gerber con Rooney, y no deja de interrogarse por lo que la acompaña. Desgrana en casi cuatrocientas páginas la dificultad de las relaciones, lo ficticio que hay en ellas, la realidad que las lidera.

Pensemos si trataríamos igual a nuestra madre, hermana, amante, si no ostentaran ese cargo, por ejemplo. Si a esas figuras nos uniera otra relación, ¿cederíamos igual a sus delirios? Pensemos si dejaríamos que dispensaran las mil disculpas que acostumbran, si no fueran en realidad los que nos hacen temblar el corazón, ¿dejaríamos entonces que nos ningunearan? Pensemos en tod@s aquell@s que tenemos a nuestro lado, si no fueran los nuestros. Si los miráramos desde afuera, ¿permitiríamos todo? Sean padres, amantes, amigas, vecinos, compañeras de trabajo, hermanos. Los vínculos establecen, fijan, idealizan, maneras de tratar ya dibujadas. Ahí es donde actúan los zombis, la inercia y la sonrisa falsa.

Esos lazos a veces tienen los nudos demasiado fuertes. Nos ahogan y la rutina se convierte en un círculo mucho más complicado. Y así: “Odiamos tanto más a la gente por cometer errores de lo que la amamos por obrar bien, que la manera más fácil de vivir es no hacer nada, no decir nada, no amar a nadie.” Dejarse llevar y no pensar en nada. Atender al mundo bello aunque estemos rotas.  

Silueta entre limonero y tomateras. Verano 2021.


miércoles, 15 de septiembre de 2021

Aquell glop de mort

Cada 15 de septiembre regreso a la misma portada de periódico. "Muere sepultado un operario en una finca. Una retroexcavadora le causa la muerte en intentar rescatarle." Muere sepultado. Ese golpetazo cada día 15 me recuerda que no estás. Que se te tragó la tierra. El intento de rescate destruyó tu cuerpo en mil pedazos. Irreconstruible. Bendicho dice que eso es la muerte. “Només un forat que se t’emporta”. Cumpliste a la perfección con la cita.

Se cumplen 7 años sin ti y no hay momento en que no estés. En pocas semanas hubieras cumplido los 68. He leído Terres mortes y has vuelto. La herencia siempre vuelve. El resquemor, la venganza, la lucha por no ser como los ancestros a los que no queremos emular. La obsesión por no ser copias del mismo apellido defectuoso. El miedo a enterrar porque es empezar a olvidar. Quizá a ti sea imposible olvidarte porque no te vimos irte. Porque se te llevó la tierra, nada más.

Ordesa, 2018.

Siempre tan prudente, tan respetuoso, tan de puntillas. Dejándote hacer y deshacer, herida arriba, herida abajo. Unos versos de Sharon Olds a menudo me recuerdan a ti y me hacen espabilar un poco y querer alzar la voz un grado más. “Tal vez su miedo no sea a morir, no sea a la muerte, sino al grito / que toda la vida guardó dentro de sí”. Había tanto ruido en tu interior. Tanto, tanto. Lo sabemos aquellos a los que confiabas las lágrimas. Aquellos a los que nos tenías ratos eternos al teléfono. Tan lejano todo ahora. La voz que sonaba tras el auricular era la tuya. Si hubieras gritado para el mundo… Si el mundo te hubiera escuchado como yo.

No sé si gritaste allí abajo. No sé si el último sorbo fue de rabia por todo lo que te dejaste sin decir o si fue, como escribe Bendicho, un glop de mort. Qué expresión más sobrecogedora. "Aquell glop de mort era la mare". Tan acostumbrados a chillar para adentro, a no molestar. Nunca pregunté si gritaste. No sé si quiero saberlo tampoco.

Cuando te pienso o te escribo no existe ocasión sin lágrimas. Me consuela Bendicho diciendo que “les persones dolentes no ploren. Només ploren les persones que pateixen molt”. A menudo nos exigen llorar a oscuras, escondidas, silenciosas sin sollozos. Y debemos reivindicar el llorar si algo nos duele, si algo nos hiere, si algo nos sepulta. “Les que caminen amb el cor trencat no serveixen per a res. Només una dona que ha sortit d’una casa on no hi ha hagut mai cor será forta, perquè quan no tens cor no se’t pot trencar res”. Será por eso que llorabas, tío, que lloramos, porque el corazón era grande y se rompía. Por esa razón de poco servimos porque caminamos con el corazón constantemente roto.

lunes, 6 de septiembre de 2021

Un sueño de perezas alcanzadas

Nuevos caminos, verano 2021


Qué se deben creer. Si yo hablara de verdad… Les diría lo que pienso y lo que siento. Claro que sí. Tú también lo harías si no tuvieras miedo. Quizá si no nos hubieran educado en la prudencia y en el ir de puntillas, todas seríamos valientes para afirmar que sí estamos bronceadas, que hemos engordado o que tenemos manchas en la cara. ¿Y qué? Que la familia a veces pesa. Que uno es insufrible y la otra perdió el norte. Defenderíamos la propiedad y gritaríamos a los cuatro vientos que deseamos lo que no es nuestro. Sí, incluso queremos eso. Lo que otra defiende. ¿Y qué? Me recuerda a las instrucciones de Leila Guerriero en Teoría de la gravedad. Declarar una cosa y pensar otra. Así somos, así vamos. Sin alzar la voz y con mentiras.

Regresamos a la rutina como si nada ocurriera. Como si no nos afectara lo más mínimo abandonar la piscina y dejar de leer o de dormir. Como si no importara que las tardes ahora sean para arreglar la casa y que no se derrumbe. Paola Masino ha sido la que nos ha enseñado este verano a nacer y a morir como amas de casa. Al igual que Guerriero, pero con la voz aún más firme, aparece y desaparece su convicción de ser el ángel del hogar pero a la vez el demonio (atrevido) que abandona la morada para ser ella misma. Ella. Lejos del mundanal ruido, del polvo, de la escoba y de la cocina. Del marido y del amante. Fantasía pura el no saber si era una o la otra la que hablaba. “Incluso se prohíbe a sí misma decirse: “Yo respiro, yo sueño, yo maduro”. Días desiertos y estancados, por tanto, los de una esposa.” Porque respirar, soñar, madurar, hasta vivir, está condicionado. ¿O leemos las entrelíneas de Guerriero? ¿O nos escapamos igual que el ama de casa?

Nos arrastran los hábitos, de acción y de palabra. Responde nuestra yo más superficial, la otra habla para adentro diciendo lo contrario. Seguimos empujadas por la voz que nos dice lo que “debemos” hacer y decir. Por eso me sedujo el verso de Ángela Figuera Aymerich, “un sueño de perezas alcanzadas”. Porque no sabemos a ciencia cierta si somos una o la otra, si al ser la otra también existiría la anterior. Y dicho bucle nos ofrece ese espejismo inalcanzable. No sé si todo será un sueño pero agota.

Los días siguen su ritmo, violento, y no se detienen. Y así pasamos de una lectura a otra y llegamos a Terres mortes de Núria Bendicho. Igualmente nos habla de los sueños y del llorar y de las mujeres que lloran pero que no deben llorar. “Els plors són d’aigua i en l’aigua és on moren les dones perdudes. En la profunditat de l’aigua la dona s’observa a si mateixa perduda en si mateixa. En els remolins de l’aigua s’enfonsen les tristors femenines, els somnis que no seran mai” Todo nos regresa al centro de nuestras dos yoes. A la profundidad del agua. A los sueños que no serán nunca.