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lunes, 20 de septiembre de 2021

La circularidad del mundo

Verónica Gerber Bicecci escribe que el amor siempre nos demuestra la circularidad del mundo. Pienso que el dolor también. Las relaciones con los demás por supuesto. Las últimas semanas tres series y un libro me han llevado al mismo pensamiento, una tras otra. A cómo por más idílico que sea el momento, o la conexión, todo puede desmoronarse por dentro.

The White Lotus, Cruel Summer o Nine perfect strangers son series sobre las relaciones humanas. Personas a las que aparentemente nada les falta y sufren y sufren y no dejan de sufrir. Porque aparentamos y lucimos la sonrisa. Porque nos dejamos llevar por la inercia de lo que se espera de nosotras. Porque somos cobardes y respondemos a las voces que nos exigen. Como si mirar atrás, o alrededor, para darnos cuenta de que la sonrisa es falsa y la apariencia también, fuera pecado.

Por eso aunque estemos en hoteles de lujo, en casas recién estrenadas, en puestos de trabajo envidiables, podemos rompernos por dentro. Estar hechas añicos no es incompatible con triunfar o avanzar, pues dejamos ir al zombi que vive con nosotras y a ese no hay nada que le tape los ojos. ¿Será que en realidad la gente se relaciona con ese doble nuestro? ¿Nadie se da cuenta?

En Dónde estás, mundo bello, Sally Rooney nos plantea esos círculos salvajemente. Y así es como una va dando vueltas al círculo de Gerber con Rooney, y no deja de interrogarse por lo que la acompaña. Desgrana en casi cuatrocientas páginas la dificultad de las relaciones, lo ficticio que hay en ellas, la realidad que las lidera.

Pensemos si trataríamos igual a nuestra madre, hermana, amante, si no ostentaran ese cargo, por ejemplo. Si a esas figuras nos uniera otra relación, ¿cederíamos igual a sus delirios? Pensemos si dejaríamos que dispensaran las mil disculpas que acostumbran, si no fueran en realidad los que nos hacen temblar el corazón, ¿dejaríamos entonces que nos ningunearan? Pensemos en tod@s aquell@s que tenemos a nuestro lado, si no fueran los nuestros. Si los miráramos desde afuera, ¿permitiríamos todo? Sean padres, amantes, amigas, vecinos, compañeras de trabajo, hermanos. Los vínculos establecen, fijan, idealizan, maneras de tratar ya dibujadas. Ahí es donde actúan los zombis, la inercia y la sonrisa falsa.

Esos lazos a veces tienen los nudos demasiado fuertes. Nos ahogan y la rutina se convierte en un círculo mucho más complicado. Y así: “Odiamos tanto más a la gente por cometer errores de lo que la amamos por obrar bien, que la manera más fácil de vivir es no hacer nada, no decir nada, no amar a nadie.” Dejarse llevar y no pensar en nada. Atender al mundo bello aunque estemos rotas.  

Silueta entre limonero y tomateras. Verano 2021.


miércoles, 15 de septiembre de 2021

Aquell glop de mort

Cada 15 de septiembre regreso a la misma portada de periódico. "Muere sepultado un operario en una finca. Una retroexcavadora le causa la muerte en intentar rescatarle." Muere sepultado. Ese golpetazo cada día 15 me recuerda que no estás. Que se te tragó la tierra. El intento de rescate destruyó tu cuerpo en mil pedazos. Irreconstruible. Bendicho dice que eso es la muerte. “Només un forat que se t’emporta”. Cumpliste a la perfección con la cita.

Se cumplen 7 años sin ti y no hay momento en que no estés. En pocas semanas hubieras cumplido los 68. He leído Terres mortes y has vuelto. La herencia siempre vuelve. El resquemor, la venganza, la lucha por no ser como los ancestros a los que no queremos emular. La obsesión por no ser copias del mismo apellido defectuoso. El miedo a enterrar porque es empezar a olvidar. Quizá a ti sea imposible olvidarte porque no te vimos irte. Porque se te llevó la tierra, nada más.

Ordesa, 2018.

Siempre tan prudente, tan respetuoso, tan de puntillas. Dejándote hacer y deshacer, herida arriba, herida abajo. Unos versos de Sharon Olds a menudo me recuerdan a ti y me hacen espabilar un poco y querer alzar la voz un grado más. “Tal vez su miedo no sea a morir, no sea a la muerte, sino al grito / que toda la vida guardó dentro de sí”. Había tanto ruido en tu interior. Tanto, tanto. Lo sabemos aquellos a los que confiabas las lágrimas. Aquellos a los que nos tenías ratos eternos al teléfono. Tan lejano todo ahora. La voz que sonaba tras el auricular era la tuya. Si hubieras gritado para el mundo… Si el mundo te hubiera escuchado como yo.

No sé si gritaste allí abajo. No sé si el último sorbo fue de rabia por todo lo que te dejaste sin decir o si fue, como escribe Bendicho, un glop de mort. Qué expresión más sobrecogedora. "Aquell glop de mort era la mare". Tan acostumbrados a chillar para adentro, a no molestar. Nunca pregunté si gritaste. No sé si quiero saberlo tampoco.

Cuando te pienso o te escribo no existe ocasión sin lágrimas. Me consuela Bendicho diciendo que “les persones dolentes no ploren. Només ploren les persones que pateixen molt”. A menudo nos exigen llorar a oscuras, escondidas, silenciosas sin sollozos. Y debemos reivindicar el llorar si algo nos duele, si algo nos hiere, si algo nos sepulta. “Les que caminen amb el cor trencat no serveixen per a res. Només una dona que ha sortit d’una casa on no hi ha hagut mai cor será forta, perquè quan no tens cor no se’t pot trencar res”. Será por eso que llorabas, tío, que lloramos, porque el corazón era grande y se rompía. Por esa razón de poco servimos porque caminamos con el corazón constantemente roto.

lunes, 6 de septiembre de 2021

Un sueño de perezas alcanzadas

Nuevos caminos, verano 2021


Qué se deben creer. Si yo hablara de verdad… Les diría lo que pienso y lo que siento. Claro que sí. Tú también lo harías si no tuvieras miedo. Quizá si no nos hubieran educado en la prudencia y en el ir de puntillas, todas seríamos valientes para afirmar que sí estamos bronceadas, que hemos engordado o que tenemos manchas en la cara. ¿Y qué? Que la familia a veces pesa. Que uno es insufrible y la otra perdió el norte. Defenderíamos la propiedad y gritaríamos a los cuatro vientos que deseamos lo que no es nuestro. Sí, incluso queremos eso. Lo que otra defiende. ¿Y qué? Me recuerda a las instrucciones de Leila Guerriero en Teoría de la gravedad. Declarar una cosa y pensar otra. Así somos, así vamos. Sin alzar la voz y con mentiras.

Regresamos a la rutina como si nada ocurriera. Como si no nos afectara lo más mínimo abandonar la piscina y dejar de leer o de dormir. Como si no importara que las tardes ahora sean para arreglar la casa y que no se derrumbe. Paola Masino ha sido la que nos ha enseñado este verano a nacer y a morir como amas de casa. Al igual que Guerriero, pero con la voz aún más firme, aparece y desaparece su convicción de ser el ángel del hogar pero a la vez el demonio (atrevido) que abandona la morada para ser ella misma. Ella. Lejos del mundanal ruido, del polvo, de la escoba y de la cocina. Del marido y del amante. Fantasía pura el no saber si era una o la otra la que hablaba. “Incluso se prohíbe a sí misma decirse: “Yo respiro, yo sueño, yo maduro”. Días desiertos y estancados, por tanto, los de una esposa.” Porque respirar, soñar, madurar, hasta vivir, está condicionado. ¿O leemos las entrelíneas de Guerriero? ¿O nos escapamos igual que el ama de casa?

Nos arrastran los hábitos, de acción y de palabra. Responde nuestra yo más superficial, la otra habla para adentro diciendo lo contrario. Seguimos empujadas por la voz que nos dice lo que “debemos” hacer y decir. Por eso me sedujo el verso de Ángela Figuera Aymerich, “un sueño de perezas alcanzadas”. Porque no sabemos a ciencia cierta si somos una o la otra, si al ser la otra también existiría la anterior. Y dicho bucle nos ofrece ese espejismo inalcanzable. No sé si todo será un sueño pero agota.

Los días siguen su ritmo, violento, y no se detienen. Y así pasamos de una lectura a otra y llegamos a Terres mortes de Núria Bendicho. Igualmente nos habla de los sueños y del llorar y de las mujeres que lloran pero que no deben llorar. “Els plors són d’aigua i en l’aigua és on moren les dones perdudes. En la profunditat de l’aigua la dona s’observa a si mateixa perduda en si mateixa. En els remolins de l’aigua s’enfonsen les tristors femenines, els somnis que no seran mai” Todo nos regresa al centro de nuestras dos yoes. A la profundidad del agua. A los sueños que no serán nunca.

lunes, 23 de agosto de 2021

Algo de fin del mundo en el cielo

Estallan tuberías, se rompen cisternas, se pone una enferma, atacan mil y una tareas como mosquitos acechantes, no cesa la compra en el súper, amistades que fallan, sobrevienen la tristeza y el agobio y hay personas que fallecen. Incluso en verano pasan esas cosas. También se muere. Aunque parezca imposible. Aunque nada pudiera hacernos regresar a la realidad desde las reservas de Booking en la playa que sea. Aunque resulte increíble, la muerte también hace las maletas.

Es el segundo agosto con Mariana Enríquez. Repetiré el que viene, convencida estoy. Me acompaña y sitúa los sueños sobre el asfalto. Fija los pies. Ha sido realmente sobrecogedor leer Alguien camina sobre tu tumba este verano. Viajar con ella y recorrer junto a Mireia cada km. Reconocer escenarios y estremecerse por descubrir otros en un futuro. Escuchar la BSO del libro, porque la argentina es todo un recopilatorio de conciertos.

Cada país es un gran cementerio y en casi todos, de una u otra manera, todo se echa a perder, tarde o temprano. En diferentes momentos, en idas y vueltas. Pero estamos acá para morir y, ¡si tenemos suerte!, para que los vivos nos entierren.” Quedan los vivos para enterrarnos, para recordarnos y guardar nuestras pertenencias. Quedan los vivos. Son más los muertos que los vivos, ¿lo habíais pensado? Caminamos sobre restos, ¡sobre qué, si no! No me perturba la idea, ni me inquieta, ni sorprende. Conocí la muerte con 6 años y desde entonces cargo 17 muertos cercanos a la espalda. Mochila llena de despedidas. Anunciadas, trágicas, dolorosas, imprevisibles. 17.


Entro en los cementerios sigilosa, con la prudencia de no despertar a nadie, con el respeto de entrar en casa ajena. Aun estando los míos. He procurado visitarlos allá donde voy y son esos momentos de silencio en los que floto de verdad en las historias de cada lugar. Como Enríquez. Caminar entre lápidas, reseguir los personajes ilustres enterrados, honrar a sus fantasmas, resucitar sus peripecias como vivos o como muertos, flotar para no malmeter nada sagrado.

Parece contradictorio vacacionar y visitar cementerios, pero ya he empezado diciendo que la gente también desaparece en verano. Vivido está, porque la muerte también se vive. Como las plantas pueden estar verdes y secas a la vez, llenas de pulgón o mosca blanca y florecidas. Contrariedades las que nos rodean y nos hacen recuperar el sentido de los días. Nos obligan a parar y mirar al cielo para respirar hondo, resituarnos y volver a empezar. “Siempre hay algo de fin del mundo en el cielo y en el viento implacable, siempre hay algo de polvo del desierto en el frío que corta la piel”. Por eso cuando alzamos la vista para tomar impulso también hay algo de fin del mundo y de inexplicable en ese azul.     

Cementerio de Valladolid, julio 2019

lunes, 9 de agosto de 2021

El poder del mar

Leer, hundir los pies en la arena y cargar tesoros de conchas y piedras preciosas. Quizá antes eran botellas de cerveza lanzadas al mar. Reconvertimos, revaloramos, miramos con ojos distintos. Pasear con restos de sal en la piel y en los labios, agarrando el sombrero de paja porque vuela. Recuerdas que una vez más olvidaste coserle la cuerda que lo sujeta. Tropezarse con frases de Laura Ferrero, “se deja de existir en el preciso instante en que se finge la felicidad”. Dejar caer las lágrimas que rememoran lo que duele, lo recién perdido, lo añorado. Porque no debe fingirse aunque la brisa marina te despeine y te susurre “afortunada, afortunada…”. Y entonces regresa a ti Lighea, la sirena de Lampedusa, por el susurro y la locura, y quieres releerlo en el momento. Comerse una paella con vistas a la playa aguantando el punto de oleaje que te produce el vino blanco. Retenerlo en la boca, saborearlo. Saber que te va a hacer flotar y así dejarás de llorar. Colgar stories y selfies y fotos pensadas a conciencia, porque eres tú y te da la gana hacerlo. Escuchar audios de amigos queridos que te querrían en Logroño. Tú miras el horizonte rebosante de barcas y los piensas, al poeta y la lectora. Pensamientos silenciosos, no se lo digas, lo sabrán aunque no lo escribas. Enviar un mensaje a alguien que echas de menos, para que sepa que sigues ahí, sin importar el desánimo que marca tus ojeras. Almudena Sánchez decía en Fármaco que “la tristeza va contra el protocolo y contra el mundo. La tristeza es una revolución y altera a los felices. La tristeza son gestos mundanos: un párpado hinchado.” Es un mensaje importante si te confiesas gris aunque brille el sol. Es un mensaje valioso si al otro lado no le estorba tu melancolía. De ahí llegas a Mariana Enríquez porque haces tuyas sus palabras. “Entiendo perfectamente los privilegios de mi vida y la frivolidad de mi melancolía; me permito la amargura por todo lo que no es importante, porque también se lo merece y no puedo evitarlo, ni siquiera una mañana de primavera en Highgate.” No estás en Highgate sino en la Costa Brava. Igualmente te permites la melancolía de esos pequeños instantes con el pelo mojado. Porque sí. Porque tú quieres. Porque tienes derecho al abatimiento le pese a quien le pese. Tarareas canciones con los escarpines llenos de arena, con una media sonrisa y la toalla enrollada abrazando tu humedad. Esos microsegundos de felicidad son los que aprovechas para capturar imágenes. Este texto sin pausas, con pensamientos arrojados de dicha y de llanto, me define. Debe ser el poder del mar que cantaba Facto Delafé y las Flores Azules. El poder del mar. Hoy gano, tú ganas, ganamos los dos. Hoy gano, tú ganas. Esto no se para. Esto no se para. Esto no se para. Esto no se para. Aunque una esté triste o no lo esté. 

Calella de Palafrugell, Agosto 2021.


(Dadle al play a Delafé_enlace en el texto)