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miércoles, 15 de septiembre de 2021

Aquell glop de mort

Cada 15 de septiembre regreso a la misma portada de periódico. "Muere sepultado un operario en una finca. Una retroexcavadora le causa la muerte en intentar rescatarle." Muere sepultado. Ese golpetazo cada día 15 me recuerda que no estás. Que se te tragó la tierra. El intento de rescate destruyó tu cuerpo en mil pedazos. Irreconstruible. Bendicho dice que eso es la muerte. “Només un forat que se t’emporta”. Cumpliste a la perfección con la cita.

Se cumplen 7 años sin ti y no hay momento en que no estés. En pocas semanas hubieras cumplido los 68. He leído Terres mortes y has vuelto. La herencia siempre vuelve. El resquemor, la venganza, la lucha por no ser como los ancestros a los que no queremos emular. La obsesión por no ser copias del mismo apellido defectuoso. El miedo a enterrar porque es empezar a olvidar. Quizá a ti sea imposible olvidarte porque no te vimos irte. Porque se te llevó la tierra, nada más.

Ordesa, 2018.

Siempre tan prudente, tan respetuoso, tan de puntillas. Dejándote hacer y deshacer, herida arriba, herida abajo. Unos versos de Sharon Olds a menudo me recuerdan a ti y me hacen espabilar un poco y querer alzar la voz un grado más. “Tal vez su miedo no sea a morir, no sea a la muerte, sino al grito / que toda la vida guardó dentro de sí”. Había tanto ruido en tu interior. Tanto, tanto. Lo sabemos aquellos a los que confiabas las lágrimas. Aquellos a los que nos tenías ratos eternos al teléfono. Tan lejano todo ahora. La voz que sonaba tras el auricular era la tuya. Si hubieras gritado para el mundo… Si el mundo te hubiera escuchado como yo.

No sé si gritaste allí abajo. No sé si el último sorbo fue de rabia por todo lo que te dejaste sin decir o si fue, como escribe Bendicho, un glop de mort. Qué expresión más sobrecogedora. "Aquell glop de mort era la mare". Tan acostumbrados a chillar para adentro, a no molestar. Nunca pregunté si gritaste. No sé si quiero saberlo tampoco.

Cuando te pienso o te escribo no existe ocasión sin lágrimas. Me consuela Bendicho diciendo que “les persones dolentes no ploren. Només ploren les persones que pateixen molt”. A menudo nos exigen llorar a oscuras, escondidas, silenciosas sin sollozos. Y debemos reivindicar el llorar si algo nos duele, si algo nos hiere, si algo nos sepulta. “Les que caminen amb el cor trencat no serveixen per a res. Només una dona que ha sortit d’una casa on no hi ha hagut mai cor será forta, perquè quan no tens cor no se’t pot trencar res”. Será por eso que llorabas, tío, que lloramos, porque el corazón era grande y se rompía. Por esa razón de poco servimos porque caminamos con el corazón constantemente roto.

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