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lunes, 10 de junio de 2019

El decreto del pañuelo

Mi abuelo dejaba el bastón, de aquella madera recia que parecía indestructible, reclinado donde fuera y sacaba con cuidado su pañuelo del bolsillo. Era un ritual que me gustaba contemplar, sigilosa y transparente. Salía del pantalón, era desplegado con sumo cariño, utilizado y vuelto a doblar siguiendo las marcas prefijadas, convirtiéndolo en un cuadrado perfecto. Cuadrado que repasaba con la palma de la mano, quitaba toda arruga y volvía donde estaba. Como si se tratara de algo delicado, a proteger, a salvar.

Me fascinaba aquella manera de proceder. El resto de hombres que yo observaba devolvían el pañuelo al bolsillo sin alisar ni doblar con la misma pulcritud. Estuviera en el monte, con o sin ovejas, con zurrón o no colgado, con espiga en su boca o sin. Jamás puso el pañuelo sin la exactitud de su forma en el bolsillo. Jamás. Tal vez fuera de la troupe del decreto del pañuelo de María Antonieta (exigió un decreto por el que todo pañuelo de tela debía ser un cuadrado perfecto, ni rectángulo, ni triángulo, valían).

Seguí sus pasos y trataba mis pañuelos con el mismo esmero. Con el cariño de quien acoge un pajarillo entre las manos y lo echa a volar. Desplegaba el mío y lo doblaba de vuelta como él. Como si fuera a romperse, como si nadie mirara mi alisar, mi buen cuidar. Como objetivo: que pareciera nuevo siempre.

Cuando mi madre me enseñó a planchar lo hizo con los pañuelos. Ahí aprendí a ser mecánica, disciplinada y exigente. Ahí supe que debía marcar bien las líneas del doblado porque sería devuelto a los bolsillos siguiendo los movimientos que yo dejara en él. Dependía de mí. Hacía deslizar la plancha de esquina a esquina, con el cuidado de no dejar doblez, con el afán de perfección geométrica de la reina. Una y otra vez, haciendo en cada paso más pequeñita la pieza, acabando por planchar un cuadrado perfecto, una y otra vez.


Sebald dijo que “cuantas más imágenes reunía del pasado […] tanto más improbable le parecía que el pasado hubiera sucedido de esa manera”. Lo pienso cuando me doy cuenta de cómo recuerdo con exactitud los pliegues, los colores, las manos, el camino hasta el bolsillo. Cómo es posible que una imagen actual me lleve a una de antaño, cómo un solo instante consigue un clic que lo devuelve todo. Pero es que la memoria es eso, como dijo hace unos días Borja Bagunyà: “La memoria es astutamente económica; siempre encuentra la manera de ahorrarnos esfuerzos innecesarios, y de firmar cada día tratados de paz entre las contradicciones que nos tensan, y que amenazan con desgarrarnos.” Es astuta, selectiva, inteligente, conciliadora. Olvidamos, siempre, lo que queremos olvidar.

Asimilé entonces que todos los hombres eran distintos, no trataban igual a sus pañuelos. Descubrí mi fascinación por las manos, por quedarme absorta en sus gestos, adorarlas y estudiar y aprender sus movimientos. Tanto dicen, tanto enseñan. Supe que todo sería cuestión de doblar por las líneas establecidas, de no cambiar la forma de las cosas, de tratar con la sensibilidad que me era concedida todos los pañuelos venideros. Porque, aunque los haya ya de papel, todo queda, como quedan las hojas caducas sobre el campo.

Todo va quedando. Lo mismo que la hoja caduca sobre el sembrado añadirá lozanía al tallo, lustre a la hoja, cargazón a la espiga. El sol de esta tarde está creando dentro y fuera, en alma y tierra, calor, sin que nunca acabe enteramente de morir. ¿Qué muere? Todo esto sigue. Y el sonar del campo, del río, entre estas riberas de cielo hermosísimas, deja un largo eco, una llamada eterna a la belleza.

La belleza de recordar los detalles, esas manos, y el ser capaz de recuperarlos en las manos de otro, en los movimientos de otro, en la mirada de otro que saca el pañuelo del bolsillo y lo devuelve con la delicadeza que lo hacía el que a mí me enseñó.

2 comentarios:

  1. El meu pare plega igual de metòdic el seu mocador de roba, encara ho fa ara, no vol de paper, sempre els de roba ben plegats dins la butxaca.

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    1. Què bé que hagis tornat, i què bé que també hagis comprovat com plega el mocador ♥

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